Pero dentro de toda esa confusión y paralización, seguía sintiendo lo mismo que la primera ves que te vi, sentí que había algo especial en ti, que de alguna manera te tenia que conocer por fin, no, no me gustabas pero había algo que me decía que tenia que conocerte, ser tu amigo.
Y nuevamente los días pasaban y pasaban y escazas y fugaces palabras cruzábamos, no fue fácil pelear con ese nerviosismo, enfrentarlo y dejarlo de lado. Pero logre cruzar las palabras que necesitaba decirte; tan fácil como "te invito un café".
domingo, enero 16, 2011
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